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La nomofobia

Jesús Ricaño Herrera



En estos tiempos pandémicos en los que se ha dispuesto el alejamiento y la convivencia controlada, los sistemas de comunicación personal han cobrado una gran importancia.


Se cree que el 70% de la población cuenta con un teléfono móvil al menos. Este aparato se ha convertido en un paradigma tecnológico, no hay profesión o quehacer que no tenga que ver con las aplicaciones de estos artefactos.


En él podemos encontrar acceso a Internet, comunicarnos con los demás, saber de sus vidas, gustos y hasta desventuras, podemos agendar eventos, guardar contactos, fotos, vídeos, notas de voz, documentos, etcétera.


Lamentablemente no todo es miel sobre hojuelas; en Londres, al parecer en el año 2005 se detectó una baja significativa en la productividad laboral y en el rendimiento escolar de los alumnos universitarios, el teléfono celular fue el responsable. En el resto del mundo se fue generalizando este problema social; para el año 2012 la OMS catalogó a esta situación como una enfermedad, se le dio nombre, nomofobia. La nomofobia se puede definir de modo simple como el miedo, terror, angustia o espanto a quedarse sin el teléfono celular. Este padecimiento genera en la persona enferma una serie de sensaciones que derivan en daño, tales como insomnio, inapetencia, dolor de cabeza, irritación de ojos, malhumor, irritabilidad, atención dispersa, problemas familiares, mala comunicación, dependencia al teléfono, depresión, y otra serie de trastornos conductuales. En cuanto hace a la convivencia estas personas son incapaces de mantener una charla regular, constantemente están interrumpiendo el ciclo de la comunicación o la dejan sin concluir. Acuden a los eventos sociales estando sin estar. Hablando de la seguridad personal, los nomofóbicos son presa fácil de la delincuencia; caminan, manejan o viajan sin estar pendientes de los riesgos, peligros o amenazas en el camino, su principal activo, el teléfono celular es el blanco primario del o los ladrones. En la calle, al caminar o conducir, la nomofobia orilla al enfermo a mantenerse atento de su pantalla y contenido, en vez de atender el quehacer de ir de un lugar a otro con seguridad y garantizar el buen trayecto; no hay tiempo para pensar, reaccionar, valorar, dimensionar, decidir o evitar. En el año 2018 en los Estados Unidos se realizó un estudio estadístico para determinar qué se decía en los mensajes o llamadas, se determinó que cerca del 96% de estos eran basura, cosas sin valor real o importancia. Tenemos que valorar más nuestra seguridad y dejar pendiente al teléfono mientras nos movemos de un lugar a otro así grite o se retuerza, vamos a demostrarle quien manda. Le agradezco el favor de su tiempo al leernos, tenga buen trayecto. Deje su teléfono por la paz un rato por favor. Comentarios a jojerihmx@gmail.com

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